viernes, 6 de abril de 2012

Misericordia, Dios mío, por tu bondad


ALJIBES AGRIETADOS
Jer 2,13
Señor, ¿cómo, sin saber,
al seguirte construí un aljibe agrietado?
¿Por qué abandoné tus aguas
y al punto que otras bebí, por el mal quedé atrapado?
¿Por qué, Señor, al buscarte,
mi vida la convertí en sepulcro blanqueado?

No creí poder hacer lo que hice con mi alma,
contra mí solo pequé.
Maté la fe que me diste, desterré de mí tu vida,
yo solo me condené.

Hazme ver que tu camino quiere llevarme a otra tierra,
la que tú me has prometido.
Enciende en mí esa luz que conduzca a mi alma
hasta ser como eres tú.
Haz que encuentre lo perdido,
pon tu hambre en mis entrañas
y sea el hombre que has querido,
lo que de mí tú has querido.


Semana Santa: Viernes Santo

Pelícano
Según la mitología, el pelícano devolvía la vida a sus hijos muertos hiriéndose a sí mismo y rociándolos con su sangre. (Cfr. SAN ISIDORO DE SEVILLA, Etimologías, 12, 7, 26, BAC, Madrid 1982, p. 111). Cristo, como el pelícano, abrió su costado para salvarnos alimentándonos con su sangre. Es por eso que el pelicano aparece en el arte cristiano, en tabernáculos, altares, columnas, etc. 


Pie pellicane, Iesu Domine, me immundum munda tuo sanguine... 
Señor Jesús, bondadoso pelícano, a mí, inmundo, límpiame con tu sangre, de la que una sola gota puede salvar de todos los crímenes al mundo entero1.

Cuenta una vieja leyenda que el pelícano devolvía la vida a sus hijos muertos hiriéndose a sí mismo y rociándolos con su sangre2. Esta imagen fue aplicada desde muy antiguo a Jesucristo por los cristianos. Una sola gota de la Sangre Santísima de Jesús, derramada en el Calvario, hubiera bastado para reparar por todos los crímenes, odios, impurezas, envidias..., de todos los hombres de todos los tiempos, de los pasados y de los que han de venir. 
Pero Cristo quiso más: derramó hasta la última gota de su Sangre por la humanidad y por cada hombre, como si solo hubiera existido él en la tierra: ...este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados, dirá Jesús en la Última Cena, y repite cada día el sacerdote en la Santa Misa, renovando este sacrificio del Señor hasta el fin de los tiempos. 
Al día siguiente, en el Calvario, cuando había ya entregado su vida al Padre, uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante brotó sangre y agua3, la última que le quedaba. Los Padres de la Iglesia ven brotar los sacramentos y la misma vida de la Iglesia de este costado abierto de Cristo: «¡Oh muerte que da vida a los muertos! –exclama San Agustín–. ¿Qué cosa más pura que esta sangre? ¿Qué herida más saludable que esta?»4. Por ella somos sanados.

Santo Tomás de Aquino, comentando este pasaje del Evangelio, resalta que San Juan señala de un modo significativo aperuit, non vulneravit, que abrió el costado, no que lo hirió, «porque por este costado se abrió para nosotros la puerta de la vida eterna»5. Todo esto ocurrió –afirma el Santo en el mismo lugar– para mostrarnos que a través de la Pasión de Cristo conseguimos el lavado de nuestros pecados y manchas.

Los judíos consideraban que en la sangre estaba la vida. Jesús derrama su sangre por nosotros, entrega su vida por la nuestra. Ha demostrado su amor por nosotros al lavarnos de nuestros pecados con su propia sangre y resucitarnos a una vida nueva6. 
San Pablo afirma que Jesús fue expuesto públicamente por nosotros en la Cruz: colgaba allí como un anuncio para llamar la atención de todo el que pasara delante. Para llamar nuestra atención. 
Por eso le decimos hoy, en la intimidad de la oración: Señor Jesús, bondadoso pelícano, a mí, inmundo, que me encuentro lleno de flaquezas, límpiame con tu sangre...


1 Himno Adoro te devote. — 2 Cfr. San Isidoro de Sevilla, Etimologías, 12, 7, 26, BAC, Madrid 1982, p. 111. — 3 Jn 19, 34. — 4 San Agustín, Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 120, 2. — 5 Santo Tomás, Lectura sobre el Evangelio de San Juan, in loc., n. 2458. — 6 Cfr. Apoc 1, 5. — 

Meditaciones sobre la Sagrada Eucaristia
VI. «Señor Jesús, Límpiame...»
Autor: Padre Francisco Fernández Carvajal
 

Semana Santa: Jueves Santo

Y esto del amor fraterno, ¿en qué se nota en nuestra vida?, preguntó Manuel.

Cenar con los amigos, abrirles el corazón sin miedo, lavarles los pies con mimo y respeto, hacerse pan tierno compartido y vino nuevo bebido.
Embriagarse de Dios, e invitar a todos a hacer lo mismo.
Visitar a los enfermos, cuidar a ancianos y niños, dar de comer a los hambrientos y de beber a los sedientos; liberar a presos y cautivos, vestir a los desnudos, acoger a emigrantes y perdidos, sepultar dignamente a los muertos.
No olvidarse de los vivos, e invitar a todos a hacer lo mismo.
Enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que necesita, corregir al que se equivoca, perdonar injurias y torpezas, consolar al triste, tener paciencia con las flaquezas del prójimo.
Pedir a Dios por amigos y enemigos, e invitar a todos a hacer lo mismo.
Trabajar por la justicia, empeñarse en una paz duradera, decir no a las armas, desvivirse en proyectos solidarios, reducir nuestras cuentas y carteras, superar las limosnas. Amar hasta el extremo, e invitar a todos a hacer lo mismo.
Ofrecer un vaso de agua, brindar una palabra de consuelo, denunciar leyes injustas, parar el viaje de los negocios propios, cargar con el herido, aunque no sea de la familia, salir de mi casa y círculo.
Construir una ciudad para todos, e invitar a todos a hacer lo mismo.

Realizar el trabajo debidamente. Respetar la dignidad de todos.

Defender los Derechos Humanos. Romper fronteras y guetos. Dudar de fortunas y privilegios.
Crear desconcierto evangélico. Amar como él nos ama, e invitar a todos a hacer lo mismo.
Un gesto sólo, uno sólo, desborda tu amor, que se nos ofrece como manantial de vida. Si nos dejamos alcanzar y lavar, todos quedamos limpios, como niños recién bañados, para descansar en tu regazo. ¡Lávame, Señor! ¡Lávanos, Señor!

Semana Santa: Jueves Santo

 
Pasa, entra,  ponte a la mesa, busca tu invitación…
Todo a punto. Come, bebe, disfruta. Menú especial.
Dios sabe a pan, a ternura, a compañía, a sabiduría, a lucidez.
Pasa, come, recupera, llena, sana, comparte, desahoga..

Todos los años, nos reunimos en la tarde del Jueves Santo para “hacer memoria” de una cena de  despedida, donde recordamos lo profundo de un mensaje que ha cautivado nuestros corazones, nuestra sabiduría, nuestra libertad, nuestras capacidades, lo mejor de nosotros…
Brindamos por una cosa que vale la pena vivir y morir: el amor

Si te dicen que no estoy, recuerda.
Si te dicen que me he ido,
pregunta sin miedo.
Si te dicen que nunca he estado, sonríe.
Si te dicen que no sirvo,
muestra tus anhelos.
Si adviertes que me ausenté,
llora los porqués.
Si no me encuentras, busca.
Si dudas y desesperas, camina.
Si la vida se hace dura y sangra,
mira mis entrañas.
Si te avisan que no siento, acércate.
Si te atemorizan porque no llamo, escúchame.
Si te aseguran que estoy perdido,
sigue mis huellas.
Si te sugieren que ya no sirvo,
descubre tu alianza conmigo.
Si te dicen que me fui, persígueme.
Si te aseguran que he perdido, proclama mi triunfo.
Si te dicen que he muerto, búscame entre los vivos.
Si te dicen que soy un fantasma,
palpa mis llagas.
Si te dicen que vuelvo, no te detengas.
Si te preguntan si perdoné, di que sí.
Si te dicen que me has perdido,
háblales de tus encuentros conmigo.
Si te sugieren que fracasé,
diles que el ser humano es lo que importa. 
Y si te reclaman mi cadáver,
di que estoy vivo en ti.

Jueves Santo: Al amor más sincero

Con esta canción hemos rezado en la celebración de Jueves Santo. El día del amor fraterno, día para ponernos al servicio de los demás. ¿Por qué se le ocurruría a Jesús celebrar una fiesta, y en esa fiesta lavar los pies a sus discípulos, y luego decirles "yo soy el pan y el vino", y después anunciar que iba a morir y resucitar al tercer día? Sólo por un amor sin fronteras, una amor sincero y total por cada hombre y mujer.

Semana Santa: Jueves Santo

Esta canción nos ayudó ayer, en la Hora Santa, para rezar el Jueves Santo. Lavarnos los pies, darnos hasta el extremo poniendo cada uno lo mejor que tenemos.