Este blog pretende ser un complemento a la acción pastoral que la parroquia realiza con los chicos y chicas que se preparan para la confirmación y para los que luego siguen en la parroquia madurando en la fe.
Me ha gustado escuchar esta canción- La idea de que el cristianismo es una fe encarnada pero vive muerta
en nosotros, y nos urge a entender que la resurrección no es para la otra vida, sino para esta tierra.
Escuchadla que seguro que os va a gustar.
De
niño le daba miedo subir al trampolín de la piscina. Llegaba a lo más
alto, caminaba por el tablón, se asomaba al borde, con una mezcla de
vértigo y ganas, y aunque el agua allí abajo ofrecía mil promesas,
también le asustaba pensar en todo lo que podía salir mal. «¿Y si me doy
un planchazo? ¿Y si no es tan hondo como parece? ¿Y si alguien se ríe?»
Y así estaba, un paso adelante, y otro paso atrás, sin decidirse nunca a
saltar.
No
recordaba la cantidad de ocasiones en que se había rendido. Desistía.
Volvía a bajar por la escalerilla, con una mezcla de vergüenza y
decepción, y el estómago encogido por la frustración y los nervios. Pero
aunque trataba de no volver a subir, la promesa de zambullirse, al fin,
en el agua fresca, le atraía de nuevo a lo alto.Llegó
el día en que pudo más el anhelo que la prudencia, la promesa que la
desconfianza, el valor que el miedo. Se acercó al extremo. Miró abajo.
Se dejó caer inclinando el cuerpo para que la cabeza fuera por delante. Y
en esos instantes eternos de vuelo y júbilo, antes de sumergirse en el
agua viva, tuvo la certidumbre de que el riesgo merecía la pena.
Uno de los mensajes que nos transmitieron los monjes de la Trapa y del propio HErmano Rafael era que la experiencia de Dios puede dar sentido a toda la vida. El encuentro con Dios resucitado da sentido a la vida.
Otros grandes místicos como SAnta Teresa de Jesús lo escribieron y lo recitaron en forma de poesía. He encontrado una canción que nos actualiza este mismo mensaje.